Cuando comenzó a orar, no lo hizo quejándose, lo hizo primero con adoración. Muchas veces nos quejamos en vez de adorar a Dios.
‘Josafat se puso de pie ante la comunidad de Judá en Jerusalén, frente al nuevo atrio del templo del SEÑOR, y oró diciendo: Oh SEÑOR, Dios de nuestros antepasados, sólo tú eres el Dios que está en el cielo. Tú eres el gobernante de todos los reinos de la tierra. Tú eres fuerte y poderoso. ¡Nadie puede hacerte frente! Oh Dios nuestro, ¿acaso no expulsaste a los que vivían en esta tierra cuando llegó tu pueblo Israel? ¿Acaso no les diste esta tierra para siempre a los descendientes de tu amigo Abraham? Tu pueblo se estableció aquí y construyó este templo para honrar tu nombre. Ellos dijeron: “Cuando enfrentemos cualquier calamidad, ya sea guerra, plagas o hambre, podremos venir a este lugar para estar en tu presencia ante este templo donde se honra tu nombre. Podremos clamar a ti para que nos salves y tú nos oirás y nos rescatarás”.’(vs. 5-9)
Josafat tuvo la oportunidad de quejarse y enojarse, pero decidió adorar. Fue esto lo que llevo que Dios le respondiera y le diera la victoria. La respuesta de Dios y la victoria que Él le dio a Su pueblo fue el resultado de la adoración. Estoy seguro de que si Josafat se hubiese dejado llevar por su situación, dejando que el temor lo domine, hubiesen perdido la batalla. Dios siempre está dispuesto a respondernos y darnos la victoria, pero muchas veces dejamos que el temor nos domine. Si nuestra primera reacción frente a los problemas es adoración a Dios, entonces Dios responde y nos da victoria. Su reacción frente a los problemas determina si en realidad tiene fe en Dios o no.
Josue tuvo la misma oportunidad frente a los muros de Jericó. Él decidió usar la adoración como arma de guerra. Eso lo llevo a una gran victoria, la cual nadie había visto antes! Pablo y Silas estando en la prisión decidieron adorar a Dios y ellos tuvieron su liberación. A través de la Biblia, vemos como la adoración mueve la mano de Dios a favor de Su pueblo.
No se deje dominar por el temor o por su circunstancia, tenga fe en Dios. Comience a adorarlo y vera como Su mano se mueve para darle la victoria. Nunca deje que su problema le robe su adoración a Dios. Manténgase enfocado en Dios.


